Sólo si eres alguien que aprecie los sentimientos y sus pensamientos, disfrutará de la escritura de ellos.
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5 de marzo de 2015

No llores más.


Hoy estoy triste
y si, lloro.

Porque se mezclan sentimientos
los que nacen desde dentro,
desde la impotencia
hasta el amor intenso.

Como aliviar el dolor de su pena
el que quiero arrancar de cuajo,
el que le aflige
el que tiene incrustado,
a mi dulce princesa
le esta superando.

Hoy estoy triste
y si,
sigo llorando.

Imposible aplacar lo que el corazón dicta
cuando se ama demasiado,
y el hilo que une
se resquebraja y no sujeta
los pespuntes dados,
ese primer amor
que se arraiga en las venas
y late desbocado,
y crees morir cuando se quiebra
y el mundo se le hace pedazos.

Dime mi dulce niña
que puedo hacer
para liberar tanto daño.

Hoy estoy triste
y si,
sigo llorando.

Me quema verla
como alma en pena
preguntando, si hay algún remedio,
mirándome a los ojos
sin poder darle una respuesta.

Y en ese instante, inmóviles
el vacío hace su presencia
el silencio lo inunda todo,
en mis manos solo me queda
estrecharla a mi regazo,
fundiéndonos en un interminable abrazo
uniendo nuestras lágrimas
con ese sabor amargo.


Hoy estamos tristes
de una pena,
somos, dos llantos desconsolados.



Yayone Guereta.



4 de marzo de 2015

Florece Marzo.



Empiezo a notar
como va naciendo por dentro
/como va removiendo mi cuerpo/
vértigo que se acentúa a lo nuevo
adrenalina pura en movimiento.

Respiro fuerte, aspiro lento
veo al almendro en flor floreciendo
-tímido-
por los primeros soles de Marzo,
/marcea lo sembrado/

Semillas que dormían al abrigaño,
la luz despierta a los ermitaños
mostrando su gama de colores
vestimenta en los pétalos -avivan al párpado-
danzan sus bailes, comienza el espectáculo.

En campos abiertos,
lirios, magnolias, lilas, amapolas,
verdes paramos,
hasta los rábanos tarareando.

Atrás queda el invierno
se lleva por defecto el recuerdo /que ya ni aflige/
no quedan sombras
ni ecos que remuevan tormentos.

Resplandeciente luce la flor del tallo,
hermosa brota vistiendo sus coquetas hojas.

(Quiero lo que tengo, lo que no, atrás dejo).




Yayone Guereta.


3 de marzo de 2015

Que bonita, tenía la tristeza.


Que bonita tenía la tristeza
cuando hablaba de amor.

Amé su oscuridad,
absorbida,
llené mi alma de su pena,
que hermosa...

Impregné mi piel de ella,
que bella...

A bocajarro,
como un seco disparo en el acto.

De recuerdos y nostalgias,
aferrado, cicatriz que abre,
sangrando aunque duela,
brecha que deja supurando
para no olvidar ni un solo día

-que fue amado-

herida que hizo su emblema
en su ser castigado,
hizo de sus cadenas su propia condena.

Que contradicción
ver tan dulce tanta tristeza,
la luz que deja los rescoldos
del amor que es su quimera.



Yayone Guereta.


2 de marzo de 2015

Marcando tiempos.


Anoche vi que se escondía
que espiaba a hurtadillas,
tras la puerta
-descalzo-
desplazándose hasta las cortinas,
como un depredador silencioso
agazapado, con alevosía,
deleitándose de poseer
tan dulce ambrosía.

Mientras despojaba mi ropa
con la luz tenue
que encendí de la mesilla.

Sin contenerme
marcando los tiempos,
me senté desnuda
y sobre la cama
divisaba mi armonía.

Mi silueta removiéndose
entre las sabanas,
acariciando mi cuerpo
con cálido gemido,
insinuando mis ganas
tentando su martirio.

Advertí su mirada
la traviesa erección le delata
haciendo su camino,
el fuego que desprendía.

Y mi piel llama,
asaltándole
como bestia desbocada.

Poséeme
liberaré tanto egoísmo,
vida mía.



Yayone Guereta.


1 de marzo de 2015

Un mal sueño.


Te dejé ir
dejando mi piel dormida
con las manos vacías,
tras de mi una sombra
que por siempre
me perseguiría.

Sin reproches ni portazos
la casa se volvió fría,
días y noches de agonías
y una falsa sonrisa
de cara a la galería.

Con puños de hierro
afronto la vida,
lágrima que no brota
que traga mi derrota
perdiendo aquellos días
por tu demora.

Te di tanto
tanto te di,
que no supe ver
que me olvidé de mi.

Son fantasmas los recuerdos
que logré destruir,
me di cuenta tras tiempo
costó asumir.

Solo fuiste un mal sueño
que conseguí abatir.

Sonrío.



Yayone Guereta.

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27 de febrero de 2015

Lo que pudo ser y no fue.( Micro)



Siempre fue un niño inquieto, curioso, muy observador.
Ya desde crío, capturaba imágenes de cualquier lugar o elemento que le llamase la atención, guardándolo en sus retinas.
Y claro, como no, esa sería su futura profesión.
Aunque el destino, que es muy caprichoso, no sería la única que tendría.
Aficionado a una edad temprana, empezó a meterse de lleno.
Buscó un local, donde poder revelar sus fotos, colocar todo lo necesario, o al menos, los pocos utensilios con los que empezar su estoica etapa.
Contactó con un señor, amigo de su padre, que era dueño de varios locales de un mercado.
“ Lo que no podía imaginar, era, que allí, estaría el amor de su vida”
Don Luis “ el regente del local”, necesitaba hacerle a su hija Verónica, un reportaje fotográfico.
A lo cual Víctor, accedió gustoso.
Que mejor tener de cliente al mismísimo dueño, por generar más reputación.
Si el trabajo estaría bien hecho, ya tendría el cincuenta por ciento de la clientela asegurada.
Estaba empezando, ese trabajo le daría más “cache”.
Don Luis:
De acuerdo Víctor.
En un par de días Verónica pasará por aquí. Retratarla como se merece, su hermosura no es para menos. Las necesita para un puesto de trabajo.
Víctor:
No se preocupe, déjelo  en mis manos, estará segura conmigo, se lo que hago.
Donde pongo el ojo…
Don Luis se marchó  frunciendo el ceño, con gesto amenazador, como diciendo…
Ya veremos, más te vale.
A las diez en punto de la mañana, pasados dos días, entró la joven al local.
Víctor andaba enredando en sus cosas, sin percatarse, de espaldas al recibidor.
La joven fingió una pequeña tos seca, dándose Víctor la vuelta de inmediato sobresaltado.
“Aquí fue el comienzo del que sería el amor de su vida”
Hola, soy Verónica, la hija de Don Luis.
El impacto para Víctor fue brutal, tan inesperado, que su primera reacción, fue capturar con su cámara  ese preciso momento, que por supuesto, jamás olvidaría.
Y con la más provocadora de sus sonrisas, por fin se presentó.
Hola, yo soy Víctor.
Apenas eran unos adolescentes, experimentando el primer amor.
Dos locos apasionados descubriendo la pasión.
Cuantas noches trampeaban a la Luna, y contando las estrellas, iban construyendo sus sueños.
“Si  el mundo se hubiese parado en esos instantes…
Las ventas de la fotografía en el local, no eran las deseadas, no llegaban con el dinero para realizar sus ansiados sueños.
Víctor, optó por mejorar de empleo, con el propósito de posicionarse mejor económicamente.
Cursó oposiciones para la policía del estado, consiguiendo su objetivo.
De allí salió un policía raso de barrio, y eso, no quería para él.
La ambición por superarse, dio un paso más, formándose en un cuerpo especial.
Un puesto, que le daría un estatus, tanto social, como económico.
Todo marchaba, la felicidad les daba la mano, bendeciéndoles con un hijo que se engendraba en el vientre de Verónica.
Sin embargo, un fatídico día, llamaron para comunicar a Verónica, la más triste noticia.
Víctor, con dos de sus compañeros, saltaban por los aires literalmente.
Un artefacto tras la puerta de la casa de unos delincuentes, les estalló de lleno.
Tras estar entre la vida y el más allá.
Tras infinitas operaciones.
Verónica, permanecía a su lado, haciendo un gran esfuerzo todos los días, recorriendo quince kilómetros en bici, ya que el hospital, desde donde vivían, estaba a larga distancia.
Para colmo de más desgracia, Verónica, pierde el fruto que lleva en su vientre.
“Ni Víctor, ni Verónica… Volvieron a ser los mismos”
Víctor entró en una  depresión.
Postrado en una silla de ruedas, el abdomen magullado, el cuerpo torturado, la mente hundida.
No era justo!
La desidia y el infortunio lo contaminó  todo.
Lo que pudo ser y no fue.
Lo más bello y hermoso, se destruyó tras aquel fatídico día que el maldito artefacto exploto.
Recuperado tras meses de dura agonía, Víctor, decidió cambiar su vida de lleno, dejando su país.
Necesitaba olvidarse de todo, empezar una nueva etapa, volver a ser, sentir y vivir.
Cruzó miles de kilómetros, retomando la que siempre fue su pasión, su profesión.
Se volvió a enamorar “ eso creía” por dos veces.
Relaciones que fraguaron.


Porque hoy es el día, que ve a Verónica, en los flases que a su mente en imágenes llegan y guarda  en sus retinas.


Querrá el dichoso destino caprichoso que en un futuro unan sus vidas?...



Yayone Guereta.