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24 de agosto de 2016

Esa parte del corazón. ( Versión I Desamor )



Versé infinidad de veces adioses prolongados al amor
creyendo no ser oración ni credo para nadie 
-en todos sus designios-

y como si fuese único ese día 
-sabiéndome magia- 
soñé con un halo de esperanza,

llegar a pintar el lienzo con el trazo tibio del acercamiento,
que al roce de un movimiento de fortuna 
sería creación en unas manos

donde me entregaría sin la duda de un pasado 
olvidando la nostalgia que fui,

y a través de los ojos recogiese un sentimiento mutuo 
-lleno de confidencias-
guardándolas en el silencio de la mirada

e hicieseme beso, y suspiro,

adivinando el alma, la piel, y todo, 
en esa parte del corazón.

Soñé.

Pedro Calderón de la Barca, dijo...
y los sueños, sueños son.

Yayone Guereta.



Foto Propia.



5 de junio de 2015

Desde la oscuridad.



Queda en la ausencia del silencio,
el que calla y muere 
por la desolación de su propio reflejo.

Habla la oscuridad del alma peregrina de luz
la que quedó en eso, 
exhausta en noches de soledad
ciega, sin habla de palabras, 
en su jaula encerrada sin huecos
ni rendijas que oxiden el poco oxígeno
aire que falta y ahoga por dentro.

Los cuervos saciaron la sed de sus ojos,
las lágrimas que quedaron filtradas, 
son el recuerdo de la voz sellada, 
 con la que a veces observa 
sintiendo el temblor en el cuerpo, 
y con la mirada rota, 
ve los escombros que le empujan a un tiempo, 
el que desecha al olvido sintiendo.

Es consciente que jamás será beso, 
ni caricia, y menos, 
aurora boreal de ninguna piel 
en el amanecer de algún lecho, 
ni pálpito que suspire un corazón latiendo.

Traspasa y cede el testigo a los amantes,
a los que aun tienen el privilegio 
de sentir y arrullarse, 
desde la libertad
sin temer la locura de amarse, 
desde el principio hasta la eternidad 
que solo los locos atreven a suicidarse.


Yayone Guereta.

11 de mayo de 2015

Tan solo le pedía.



En un ayuno constante,
donde parían mil veces la misma desidia,
alumbraban las mismas dudas,
y tan solo le pedía...

Hacerle un hueco en su sonrisa,
para mantener la llama de dicha,
que sustente a seguir los días,
la que en tiempo no encontraba y notó marchita.

Darle un sitio en su mirada,
que pudiese ver el reflejo de esa luz,
la que nace incipiente en la mañana,
esa que vio caer,
con espacios oscuros de nubes atormentadas.

Asiendo las manos hacia las suyas,
moverían montañas,
con la fuerza que da la voluntad del querer,
el que palpita ser un solo latido,
donde mueren los amantes impregnados de la misma piel,
alcanzando el infinito,
las que no sentía,
desde que se dejó en su olvido.

Y ella, queriendo darle su cielo,
mientras él,
quemándose en su propio infierno,
donde perdió la batalla,
consciente del enemigo que llevará consigo mismo.

Vencida en voz,
en cuerpo y alma,
donde TAN SOLO LE PEDÍA... una palabra,
un acto de amor que la tenia abandonada.

Marchó sin apenas oírsele un quejido, 
en silencio la humedad de sus ojos,
dolor y sufrimiento,
sabía que aquel sería su abismo...


Yayone Guereta.


6 de mayo de 2015

Alma rota.



En sus cordilleras quiero perder hasta el nombre, 
el que deshace la boca al querer pronunciarse, 
vestir la noche de terciopelo, 
el pétalo de rosa que va desgranando sus vestiduras, 
mostrando el ansiado néctar, 
la dulce miel que los labios liban.

Robándole el tiempo al reloj para cometer mi delito, 
implacable atenta sobre el cielo cubriéndolo con nubes, 
como retrocediendo, 
parando el momento, 
y yo lo imploro.

Imploro con tesón, 
con la fuerza suficiente de aclamar al nuevo día, 
el que traerá el sol, 
y con él, el deseo de alcanzar su colina.

Habitar como una diosa en su olimpo, 
ser oración y credo sin misticismos.

Y florecer en su tierra salvaje sin algoritmos, 
con la inocencia de la piel que por primera vez se prueba, 
la que no se olvida en siglos.

Es la ausencia que va convirtiéndose en olvido, 
la que cruje en los sentidos y deja el alma rota, 
rompiéndose en mil pedazos, 
al no poder sentirlo mio.


Yayone Guereta.


25 de marzo de 2015

Ya es tarde.


La luz del atardecer no llega
se apagó del camino,
aún echándole de menos
la boca no se equivoca,
no debió bajarle  todas las estrellas
se vacío de golpe el cielo
 y con él se llevó su destierro.

Tal vez ese fue el error,
tanta entrega,
tanto deseo dado
a sus pies postrado,
al mínimo gesto
de la mueca con la mano,
hasta robarle al aire partículas
que lo inhalasen  sus labios.

Protectora de lo suyo
como leona
protegiendo la manada,
solo así nace
el corazón es el que sabe,
no entiende de otras formas
ni sabe.

No esperes
si en su busca
no hayas a nadie,
bofetada a doble cara
se dio cuenta tarde,
de lo afortunado que era
  que dejó colar
en el espejo de la suerte,
lo que no vio
mirándose,
teniéndolo todo
profeta en tierra de nadie.

Aun echándole de menos
ya no vayas
ya es tarde,
no tiene nada que darte,
olvidó la felicidad que tenía
tras duros años
de soledad errante.

Construyó nuevos astros
que iluminan con luz incesante,
espera con pausa
sin prisas,
por si alguien...
quiere quedarse.


Yayone Guereta.

Morder un sentimiento.


Se diluye la tinta
palabras zozobran del corazón
desangrándose desde el alma
desgranando con tirón,
como si fueran a partir el mundo
pellizco que por dentro se coló.

Punzadas de dolor se sienten 
sensaciones se aglomeran
en el centro de la razón,
es la lava que corre
volcán que entra en erupción,
presión de músculos
aguantando la desazón.

Como noche que engulle al día
tragando la propia voz,
lágrima escondida
que nadie sepa que existió.

Es el grito callado
el suspiro masticado
sentimiento inhumano
retenido a expresarlo,
cuando se siente...
amor.

Perdido todo eco de escucha
sin insistir por cordura
sella los labios delatores
que al olvido mandó,
ingenuos locos soñando
frívolos,
siendo cosa de dos.



Yayone Guereta.

18 de marzo de 2015

Ni besos Ni versos



Descubrió
que todo su mundo
giraba en sentido contrario
a las agujas de su reloj.
En sus labios encontró
la tinta de sus versos,
que luego emborronaría
de un solo gesto,
una vaga ilusión
de un futuro texto
que esperaba escribir
y recordar para los restos.
Mientras seguía versándo escritos,
con sabor a miel, limón y sexo,
a noches interminables
de caricias y juegos,
y risas
sobre los cuerpos,
donde empezar solo era el comienzo
de lo que prometía el primer beso.
Y aún así,
feliz en su ignorancia
besando sus tiempos,
siguiendo las huellas
que dejaba marcadas
hasta verlas desechas y borradas
por el paso del tiempo.
Ya no quedan escritos
ni versos que versen en su lecho.

Nada que versar,
se olvidó de sus besos.


Yayone Guereta.




17 de marzo de 2015

Déjame.




Déjame,
llorarte una vez más.

La noche se torna
fría en ausencia
 a recordar tu presencia,
maldito y oscuro
que te atraviesas,
otro cielo sin estrellas.

Preguntaré a mi almohada
que sueños ha de traerme
si ya pinte de gris mi estela.

Déjame,
para sacudir el recuerdo
que dejaste dentro,
donde agonizo tus besos
y los sueños eran eternos.

Lo confieso

Déjame,
acariciar el pasado,
aunque solo sea para rememorar,
las noches de insomnio
que pasamos labio con labio,
las pieles que se reclamaban 
haciéndonos esclavos,
gritando en silencio
desde el deseo apasionado.

Lo confieso

Déjame.



Yayone Guereta.

12 de marzo de 2015

Replica el silencio.



Corazón que rompes la calma,
tartamudean los miedos
tiembla el habla,
el desgarro aparece
silencio que comienza hacer su danza.

Es la piel que extraña
es la piel que guarda
es la piel que añora,
en lo mas profundo de las entrañas.

Estragos que se presentan
de un pasado de añoranza,
dañando los sentidos
con los que fustiga
echando a la espalda.

Emerge a un mar en lamento
de orillas fraguadas,
en diques secos
la boca cansada,
nudo en la garganta
palabras pilladas,
lengua que muerde
rompiendo el alma,
silencios que perduran en danza.



Yayone Guereta.


3 de marzo de 2015

Que bonita, tenía la tristeza.


Que bonita tenía la tristeza
cuando hablaba de amor.

Amé su oscuridad,
absorbida,
llené mi alma de su pena,
que hermosa...

Impregné mi piel de ella,
que bella...

A bocajarro,
como un seco disparo en el acto.

De recuerdos y nostalgias,
aferrado, cicatriz que abre,
sangrando aunque duela,
brecha que deja supurando
para no olvidar ni un solo día

-que fue amado-

herida que hizo su emblema
en su ser castigado,
hizo de sus cadenas su propia condena.

Que contradicción
ver tan dulce tanta tristeza,
la luz que deja los rescoldos
del amor que es su quimera.



Yayone Guereta.


1 de marzo de 2015

Un mal sueño.


Te dejé ir
dejando mi piel dormida
con las manos vacías,
tras de mi una sombra
que por siempre
me perseguiría.

Sin reproches ni portazos
la casa se volvió fría,
días y noches de agonías
y una falsa sonrisa
de cara a la galería.

Con puños de hierro
afronto la vida,
lágrima que no brota
que traga mi derrota
perdiendo aquellos días
por tu demora.

Te di tanto
tanto te di,
que no supe ver
que me olvidé de mi.

Son fantasmas los recuerdos
que logré destruir,
me di cuenta tras tiempo
costó asumir.

Solo fuiste un mal sueño
que conseguí abatir.

Sonrío.



Yayone Guereta.

.

23 de febrero de 2015

Dile a tu mirada



Hay miradas y miradas.

La de ellos no decía nada,
vacía en expresión
sentimientos vencidos
silencio cansado de si mismo.

Callados...

Pasaron palabra,
triste la mirada que no habla,
que esta perdida
rayando la pregunta deseada,
para que despierte
la respuesta temprana.

Sin embargo,
no quedan ni interrogantes
ni siquiera puntos suspensivos
que den tregua y alarguen
la prolongación de esa mirada,
porque ya no hay vida
ni cohetes que explosionen
chocando como trenes alocados,
alborotando las entrañas.

Es el final del precipicio
cayendo hacia el abismo
deambulando por el limbo
manteniendo el tipo,
superviviendo en un agujero negro
que no ciegue un posible resquicio,
de ver una luz que aparezca
y que esas miradas, recobren su brillo.

Que triste es una mirada...
cuando no dice nada...



Yayone Guereta.



11 de febrero de 2015

Naufragio.




Su velero naufraga

como náufraga perdida,

ola que rompe la roca

parte sus costillas.

El desgarro asoma en llanto

lágrimas que se funden

con el flujo de la saliva,

rumbo sin timonel

timón a la deriva.

No hay playa, ni orilla,

ni isla, ni guía.

Tocando fondo pierde la vida,

el inmenso mar engulle sus días.


Yayone Guereta.

5 de febrero de 2015

Vestigios del tiempo.



Sé, de cielos encapotados

de tormentosas miradas,

de lloviznas en ojos cansados,

de ojeras por los vestigios del tiempo 

que pasa como si nada.

De pieles arrugadas, 

melancólicas por no ser usadas,

de bocas que olvidan palabras

y de vidas desgastadas,

por falta de ilusión y de esperanzas.



Yayone Guereta.


Ruinas.




Mordió sus entrañas,

pellizcó su corazón,

sacudió sus mariposas

le empujó al abismo de la desolación,

le arrastro a la locura

-hacia el olvido-

le arrancó la razón,

quedó en ruinas

todo lo que construyó.


Yayone Guereta.